Ver más contenido no siempre significa aprender más. Podemos pasar un buen rato entre vídeos, publicaciones y podcast, descubrir ideas interesantes y terminar con la sensación de haber aprendido muchísimo. Pero ¿Qué ocurre cuando intentamos explicar esas ideas al día siguiente? ¿Podemos recordarlas, relacionarlas con lo que ya sabemos o utilizarlas para resolver un problema?
La sensación de entenderlo todo
Piensa en un vídeo sobre cómo optimizar tus redes, o cómo hacer que tu portfolio se vea bien para ser admitido en el puesto de trabajo. Mientras lo ves, los consejos parecen claros y razonables, incluso puedes pensar que ya los conocías. Sin embargo, cuando llega el momento de aplicar lo aprendido, quizá te cueste recordar los pasos o adaptarlos a tu situación.
La investigación sobre aprendizaje distingue entre el rendimiento inmediato y lo que somos capaces de recordar y aplicar más adelante. El laboratorio de Elizabeth y Robert Bjork, en la Universidad de California en Los Ángeles, explica que la facilidad durante una actividad de aprendizaje puede ofrecer una imagen engañosa de sus resultados a largo plazo. Sentir que dominamos algo y haberlo aprendido de forma duradera pueden ser cosas diferentes.
Una explicación clara es valiosa. El siguiente paso consiste en comprobar qué podemos hacer con ella cuando ya no la tenemos delante.
Aprender requiere participar
Una revisión publicada en 2013 por John Dunlosky y otros investigadores evaluó diez técnicas habituales de estudio. Dos recibieron una valoración especialmente favorable: practicar la recuperación de información y repartir el aprendizaje en varias sesiones separadas en el tiempo. Releer y subrayar, utilizados como estrategias principales, obtuvieron una valoración más baja.
Recuperar información significa intentar recordar una idea sin consultar inmediatamente la fuente. Por ejemplo, cerrar un artículo y explicar su argumento principal con nuestras propias palabras. Después podemos volver al texto, comprobar lo que hemos entendido y corregir errores.
Repartir el aprendizaje implica volver a una cuestión en distintos momentos. Esa pausa puede hacer que recordar cueste un poco más, pero determinadas dificultades, como espaciar la práctica, pueden favorecer la retención a largo plazo. Esto no significa que cualquier contenido complicado enseñe mejor: la dificultad debe contribuir al aprendizaje.
Cuatro hábitos para ponerlo en práctica
Podemos trasladar estas ideas a los contenidos que consultamos para estudiar, trabajar o desarrollar nuevas habilidades:
- Haz una pausa. Al terminar una lectura o un vídeo, intenta recordar sus ideas principales antes de pasar al siguiente.
- Explícalo con tus palabras. Si te cuesta, identifica qué parte necesitas revisar. Esa dificultad puede ayudarte a detectar dudas.
- Busca una aplicación concreta. Pregúntate cómo utilizarías lo aprendido en una reunión, una entrevista o un proyecto.
- Vuelve después. Reserva otro momento para recordar lo esencial y contrastarlo con la fuente.
Del contenido a la autonomía
Para quienes queremos crecer profesionalmente, esta reflexión puede convertirse en una pregunta útil: ¿Qué estoy incorporando realmente a mi manera de pensar y actuar?
Una publicación puede despertar curiosidad; una entrevista, acercarnos a una referente; una masterclass, abrir una posibilidad. Podemos aprovechar ese primer impulso dedicando tiempo a preguntar, contrastar y practicar.
La próxima vez que guardes un contenido, prueba a volver a él y convertir una de sus ideas en una acción.
