Día Internacional de la Igualdad Salarial: las jóvenes no pueden esperar hasta 2197

Hoy, 18 de septiembre, conmemoramos el Día Internacional de la Igualdad Salarial, proclamado por la ONU.

¿Qué le decimos a una joven que está empezando a construir su futuro cuando las previsiones sitúan la igualdad entre mujeres y hombres en el año 2197? ¿Cómo le explicamos que su preparación, sus ideas y sus aspiraciones todavía pueden encontrarse con barreras que otras generaciones ya intentaron derribar?

ONU advierte de que en los últimos cinco años, la representación femenina en los parlamentos ha disminuido en 54 países. Así lo recoge EL PAÍS en su información sobre el último informe del organismo. Esta previsión se refiere a la igualdad de género en su conjunto y permite situar la reivindicación salarial dentro de un desafío más amplio.

La igualdad necesita decisiones que la hagan avanzar y compromisos que la sostengan. Cada oportunidad que se abre cuenta. También cuenta cada puerta que permanece cerrada, cada propuesta que no se escucha y cada trayectoria que se frena por prejuicios sobre quién debería liderar.

La remuneración forma parte esencial de ese reconocimiento. Un salario permite desarrollar un proyecto de vida, ganar autonomía y tomar decisiones sobre el futuro. Por eso, hablar de igualdad salarial también es hablar de independencia económica y de la posibilidad de que las mujeres construyan sus carreras en condiciones justas.

Para una joven que se incorpora al mercado laboral, estas cuestiones empiezan en situaciones muy concretas: conocer las condiciones de una oferta, comprender cómo se valora su puesto, acceder a formación y saber qué criterios determinarán una promoción. La transparencia y la claridad ayudan a construir entornos donde el talento pueda desarrollarse con confianza.

El Día Internacional de la Igualdad Salarial también nos invita a mirar quién ocupa los espacios de decisión. Hablar de liderazgo femenino es hablar de quién define las prioridades de una empresa, dirige un equipo, diseña una política pública o decide qué proyectos merecen financiación. En todos esos ámbitos necesitamos contar con las capacidades y las propuestas de las mujeres.

También debemos preguntarnos qué ocurre después de que una mujer llega a una posición de responsabilidad. ¿Dispone de recursos para desarrollar sus ideas? ¿Se reconoce su autoridad? ¿Puede influir en las decisiones? El acceso debe ir acompañado de condiciones que permitan ejercer el liderazgo con autonomía y capacidad de acción.

Las jóvenes tienen mucho que aportar a esta conversación. Están decidiendo qué estudiar, dónde trabajar y qué tipo de profesionales quieren llegar a ser. Merecen hacerlo con libertad, sin sentir que determinadas carreras, sectores o responsabilidades quedan fuera de su alcance.

Acercarles referentes puede ayudarles a imaginar nuevas posibilidades. Escuchar a una mujer explicar cómo afrontó una dificultad, cómo aprendió a negociar o cómo defendió una propuesta permite conocer herramientas que después podrán aplicar a su propia trayectoria. Compartir experiencia es una manera concreta de acompañar el talento.

Las empresas, las instituciones, los centros educativos y quienes ya ocupan posiciones de liderazgo tienen capacidad para actuar. Pueden compartir conocimiento, revisar sus prácticas, ampliar los referentes y facilitar oportunidades de desarrollo con criterios claros.

En este Día Internacional de la Igualdad Salarial, tenemos que reafirmar nuestro compromiso con un futuro en el que las jóvenes puedan crecer, liderar y recibir un reconocimiento justo por su trabajo y ser recompensadas de la misma manera.